6 feb. 2013

camina.

Camina.
Para.
Siéntate en un banco.
Descálzate.
Sácate una cerveza.
Cerveza, Beer.
Apóyate en el respaldo.
Quítate el sombrero.
Déjalo a tu lado.
La cabeza hacia atrás.
Mira al cielo.
Edificios.
Mira al cielo.
Quítate un guante.
Saca el tabaco.
Hazte un porro.
Hachis.
Observa la calle.
La señora con las bolsas apestando a pescado del mercado de La Ribera.
La mujer del perro patada y la falda corta.
El hombre joven de traje y maletín.
Sus prisas.
Tu calma.
El yonki que pide a la salida del metro.
El tiempo en tu muñeca.
Pulsaciones.
El que vende cupones a gritos.
Otro trago.
Otra calada.
Pasa un chico patinando,
se hace un truco,
lo cae limpio.
Las nubes.
El vaho de tu aliento.
Un coche patrulla con la sirena puesta.
Cién coches más.
Cincuenta en cada sentido.
Cerveza.
Humo.
El niño con pintas de principito
y su cuidadora boliviana.
El abuelo en su silla,
con una manta
y su cuidadora colombiana.
El ruido ambiental.
El tipo que pasea dos galgos afganos recién peinados.
Elegantes.
Sube los pies al banco.
La ría hasta arriba.
Cuatro gotas.
Dos turistas.
Un mapa.
Tu mente en otro país.
La voz de la chica de detrás.
No es ella.
Habla por teléfono,
dice que tiene prisa.
Prisa, prisa, prisa.
Inspira.
Disfruta de ese momento de Paz en el que tu cuerpo tiene el oxígeno suficiente y no necesita más.
Saca todo el aire de dentro.
Hay un chico que parece Leiva en la acera de enfrente tocando por Dylan.
Escúchale.
Cierra los ojos.
Cuenta hasta diez.
Abre los ojos.
El mechero en la mano.
Cálzate.
Ponte el sombrero.
Saca la cartera.
Unas monedas.
Acércate.
Escúchale cantar.
Espera a que termine.
Echa las monedas en la funda de la guitarra, delante de el.
En el suelo.
Dale la cerveza casi entera.
Dale el porro casi entero.
Dale la mano.
Estrechasela mirándole a los ojos.
Camina.


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