4 feb. 2013

El lector del tren.

Los martes sé que está en el primer vagón, en los asientos delanteros. Izquierda o derecha, eso siempre es un misterio. Los martes en el tren de 13:40. Yo me siento un par de asientos detrás, normalmente a la derecha, según el sitio disponible. Él lee siempre un libro. Tiene unos 22 años, pero siempre se me ha dado fatal adivinar edades. Nunca he sabido si lee novela, poesía, ensayo..., pero siempre lee un libro. Lleva un bolso de cuero marrón, desgastado por el uso, siempre a su lado. Suele llevar vaqueros. Los chicos que leen en público me generan mucha curiosidad. Y lo que leen más. Lleva una chaqueta de invierno, de las de pelo en la capucha y no recuerdo si usa zapatos o zapatillas. Mira el libro, pero a veces para y contempla el paisaje un poco. Luego, vuelve a concentrar su mirada en las páginas. Me fijo en sus libros, no son libros nuevos, quizá los compra en los mismos mercadillos que yo frecuento. Me pregunto si tendremos alguno en común... Sujeta el libro con una mano y con la otra sujeta la siguiente página, como si tuviera muchas ganas de fluir entre ellas. Cuando nos acercamos a la estación, se incorpora un poco, pero sigue leyendo. Apura siempre los últimos momentos. El tren para. Cierra el libro y lo guarda en el bolso de cuero marrón que se cuelga al hombro. Se dirige a la puerta y (a veces) nos miramos una pequeña fracción de segundo. No sabe que me muero de ganas de saber qué lee.

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