Ellos dos, se conocían aún sin reconocerlo. Ninguno le daba pistas (aunque fueran falsas) al otro. Ya no. Se dieron algunas, en el comienzo del comienzo. Era de noche, el alcohol había embriagado sus sentidos y el alma. Ella recuerda la vergüenza y la desvergüenza simultánea, volviendo a la consciencia de los actos y las palabras, las sonrisas a medias, los juegos mezclando picaresca e inocencia fruto de aquel sucio elixir que enturbia y difumina el recuerdo.
Como tratándose de un argumento de película, con entramados imposibles de situaciones y personas, fue surgiendo una historia. Una historia que comienza sin un rumbo inicial fijo, pero con confianza, con equivocaciones, con confesiones, con sonrisas completas y sobretodo con rapidez. De ella (y de él) se apoderó el miedo, de lo precipitado de todo, de la velocidad sobrecogedora y sorpresiva que había tomado la situación y sus vidas... Pero llenaban mas las palabras a medias y enteras, en voz baja, los susurros, el tacto, los te quieros prematuros pero firmes, las noches, los días, la espera, los sentimientos...
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