24 may 2008

...ellos*

Ellos dos, se conocían aún sin reconocerlo. Ninguno le daba pistas (aunque fueran falsas) al otro. Ya no. Se dieron algunas, en el comienzo del comienzo. Era de noche, el alcohol había embriagado sus sentidos y el alma. Ella recuerda la vergüenza y la desvergüenza simultánea, volviendo a la consciencia de los actos y las palabras, las sonrisas a medias, los juegos mezclando picaresca e inocencia fruto de aquel sucio elixir que enturbia y difumina el recuerdo.

El destino (?) los puso en camino hacía ya tiempo pero la vida y la ignorancia habían desarrollado una ceguera crónica, mezcla de incertidumbre y equívocos, en ambas personas. Como todo en la vida, lo que tiene que suceder acaba sucediendo. Y así, pasaron los días, las semanas, los meses e incluso pasaron los años, sin que se despertara en ninguno de ellos, absolutamente nada. Resulta irónico.

Como tratándose de un argumento de película, con entramados imposibles de situaciones y personas, fue surgiendo una historia. Una historia que comienza sin un rumbo inicial fijo, pero con confianza, con equivocaciones, con confesiones, con sonrisas completas y sobretodo con rapidez. De ella (y de él) se apoderó el miedo, de lo precipitado de todo, de la velocidad sobrecogedora y sorpresiva que había tomado la situación y sus vidas... Pero llenaban mas las palabras a medias y enteras, en voz baja, los susurros, el tacto, los te quieros prematuros pero firmes, las noches, los días, la espera, los sentimientos...


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