31 ene. 2013

Piensa que es el mar y sin embargo, es la isla que lo contiene.

No es el invierno, es él,
que tiene el verano tan escondido que ni lo encuentra
y se pierde entre estaciones,
para volver cuando llegue el deshielo,
si llega.
Es la escarcha en las pestañas cuando se levanta.
La sensación de estar despierto
y no poder abrir los ojos.
Es la metalurgia y el humo polutivo,
rodeando bocanadas de oxígeno hasta quedarse sin aire
para cogerlo todo de golpe y de una vez.
Es la intensidad
y el papel que envuelve el tabaco que se lía.
Es recorrer carreteras a mil emociones por segundo,
desde el Km 0,
manteniendo la distancia de seguridad.
Es la última hoja del calendario
y a deshoras,
bailar una moneda entre los dedos.
Es como descubrir a Ernesto Pérez y sus lunes a débito,
cuando los hielos rompen aguas en el fondo de un vaso.
Es un Lord Byron en su máximo exponente,
pero también, las primeras notas arrancadas de un blues.
Un corazón [in]vertido en la mirada
y la impaciente ciclogénesis que crea revolviendo azúcar y café.
Es correr sin detenerse por paisajes siempre urbanos,
el puto vértigo y la (in)mortalidad de varias vidas.
El último trago, el de "la ultima y nos vamos"
o el de los martes de madrugada.
Es gritar hasta romperse la voz,
pero en silencio.
La palabra que falta de un crucigrama sin acabar
y todo el Montparnasse.
El del último baile y el de la primera fila,
luciendo este aspecto de corazón parcheado.
Es el nudo doble de corbata,
en la boca del estómago,
que anuda y desanuda a su antojo.
Es un "garabatazo" de Escandar Algeet.
Todos los orgasmos simultáneos de la ciudad
en el momento álgido de la noche.
Es el gris, el verde y el ocaso
y su nombre traducido en cinco idiomas.
Él lo ignora,
pero es un gatopardo maullando a la luna.
Es comerse la vida
desde el "espere detrás de la línea".
Una pintada del Batania más Natalizado de Malasaña, pero aquí.
Es la barra del bar y leerse las costillas (y las cosquillas) en braille.
Es cambiar de canal en el último momento,
los subtitulos de su propia V.O
y todos los olores de Estambul,
sin que lo sepa.
Es [des]colgarse bocabajo
y ahí, podría ser cualquier verso de Carlos Salem,
viviendo todos los destinos en un día.
Piensa que es el mar y sin embargo,
es la isla que lo contiene.

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